
Por qué usamos el infrarrojo para recalentar
La mayoría de los hornos de convección funcionan calentando el aire, y este a su vez calienta los alimentos. Es un proceso lento, y, francamente, desperdicia mucha energía. Nosotros hacemos las cosas de manera diferente: en lugar de jugar con el aire, utilizamos elementos térmicos de infrarrojos. Estos envían energía directamente a los alimentos. Es una forma mucho más eficiente de diseñar una cocina.
La magia del calor directo
Los elementos calefactores convencionales son demasiado pacientes… Esperan a que toda la cavidad del horno alcance una temperatura determinada antes de ser útiles. El infrarrojo es lo contrario: actúa instantáneamente sobre el objetivo. Al utilizar emisores de ondas cortas o medias, podemos concentrar la energía directamente en la superficie de los alimentos. Es rápido. Realmente rápido. Y eso marca una gran diferencia en cuanto al consumo de energía, ya que se necesitan menos kilovatios por ciclo. Además, la cocina permanece más fresca, lo que significa que el aire acondicionado no tiene que trabajar tanto solo porque el horno está encendido.
Los detalles técnicos
En términos técnicos, usualmente utilizamos tubos de cuarzo de alta pureza y filamentos de tungsteno. Usamos cuarzo porque permite que la radiación infrarroja pase a través sin absorber calor alguno. Para recalentar, a menudo llenamos esos tubos con gas halógeno. Esto evita que los filamentos se quemen demasiado rápido y mantiene el calor constante.
Un consejo útil si estás construyendo uno de estos dispositivos: presta atención a la caída de voltaje. Cuando conectes un sistema de alta potencia, asegúrate de que tus conectores puedan soportar la corriente máxima. De lo contrario, podrías tener problemas con los terminales, lo cual es algo que nadie quiere.
Haciéndolo sostenible
La verdadera ventaja aquí es eliminar ese tiempo de “calentamiento”. En una cocina profesional, dejar que un horno enorme esté encendido durante 30 minutos antes de introducir la primera bandeja de alimentos es simplemente un desperdicio de dinero. Con el infrarrojo, basta con presionar el interruptor para que el horno esté listo en segundos.
Pero hay un problema: el infrarrojo es direccional. Es como una linterna: ilumina solo lo que apunta. Si colocas los alimentos demasiado altos, la parte superior se calentará perfectamente, mientras que la inferior seguirá fría. Para solucionarlo, combinamos estos elementos con un ventilador de convección. Este hace que el calor se distribuya uniformemente, evitando así zonas frías.